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domingo, 2 de mayo de 2010

Lectura Bíblica - Marzo 22

*** Lecturas de Hoy ***
  • Números 33:40-35:34
  • Lucas 5:12-26
  • Salmos 65:1-13
  • Proverbios 11:23

Números 33:40-35:34
33:40 Y el cananeo, rey de Arad, que habitaba en el Neguev en la tierra de Canaán, oyó que habían venido los hijos de Israel. 33:41 Y salieron del monte de Hor y acamparon en Zalmona. 33:42 Salieron de Zalmona y acamparon en Punón. 33:43 Salieron de Punón y acamparon en Obot. 33:44 Salieron de Obot y acamparon en Ije-abarim, en la frontera de Moab. 33:45 Salieron de Ije-abarim y acamparon en Dibón-gad. 33:46 Salieron de Dibón-gad y acamparon en Almón-diblataim. 33:47 Salieron de Almón-diblataim y acamparon en los montes de Abarim, delante de Nebo. 33:48 Salieron de los montes de Abarim y acamparon en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. 33:49 Finalmente acamparon junto al Jordán, desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en los campos de Moab.

Límites y repartición de Canaán
33:50 Y habló Jehová a Moisés en los campos de Moab junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: 33:51 Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado el Jordán entrando en la tierra de Canaán, 33:52 echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus lugares altos; 33:53 y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad. 33:54 Y heredaréis la tierra por sorteo por vuestras familias; a los muchos daréis mucho por herencia, y a los pocos daréis menos por herencia; donde le cayere la suerte, allí la tendrá cada uno; por las tribus de vuestros padres heredaréis. 33:55 Y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis. 33:56 Además, haré a vosotros como yo pensé hacerles a ellos.

Capítulo 34
34:1 Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 34:2 Manda a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, esto es, la tierra que os ha de caer en herencia, la tierra de Canaán según sus límites, 34:3 tendréis el lado del sur desde el desierto de Zin hasta la frontera de Edom; y será el límite del sur al extremo del Mar Salado hacia el oriente. 34:4 Este límite os irá rodeando desde el sur hasta la subida de Acrabim, y pasará hasta Zin; y se extenderá del sur a Cades- barnea; y continuará a Hasar-adar, y pasará hasta Asmón. 34:5 Rodeará este límite desde Asmón hasta el torrente de Egipto, y sus remates serán al occidente. 34:6 Y el límite occidental será el Mar Grande; este límite será el límite occidental. 34:7 El límite del norte será este: desde el Mar Grande trazaréis al monte de Hor. 34:8 Del monte de Hor trazaréis a la entrada de Hamat, y seguirá aquel límite hasta Zedad; 34:9 y seguirá este límite hasta Zifrón, y terminará en Hazar- enán; este será el límite del norte. 34:10 Por límite al oriente trazaréis desde Hazar-enán hasta Sefam; 34:11 y bajará este límite desde Sefam a Ribla, al oriente de Aín; y descenderá el límite, y llegará a la costa del mar de Cineret, al oriente. 34:12 Después descenderá este límite al Jordán, y terminará en el Mar Salado: esta será vuestra tierra por sus límites alrededor. 34:13 Y mandó Moisés a los hijos de Israel, diciendo: Esta es la tierra que se os repartirá en heredades por sorteo, que mandó Jehová que diese a las nueve tribus, y a la media tribu; 34:14 porque la tribu de los hijos de Rubén según las casas de sus padres, y la tribu de los hijos de Gad según las casas de sus padres, y la media tribu de Manasés, han tomado su heredad. 34:15 Dos tribus y media tomaron su heredad a este lado del Jordán frente a Jericó al oriente, al nacimiento del sol. 34:16 Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 34:17 Estos son los nombres de los varones que os repartirán la tierra: El sacerdote Eleazar, y Josué hijo de Nun. 34:18 Tomaréis también de cada tribu un príncipe, para dar la posesión de la tierra. 34:19 Y estos son los nombres de los varones: De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone. 34:20 De la tribu de los hijos de Simeón, Semuel hijo de Amiud. 34:21 De la tribu de Benjamín, Elidad hijo de Quislón. 34:22 De la tribu de los hijos de Dan, el príncipe Buqui hijo de Jogli. 34:23 De los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés, el príncipe Haniel hijo de Efod, 34:24 y de la tribu de los hijos de Efraín, el príncipe Kemuel hijo de Siftán. 34:25 De la tribu de los hijos de Zabulón, el príncipe Elizafán hijo de Parnac. 34:26 De la tribu de los hijos de Isacar, el príncipe Paltiel hijo de Azán. 34:27 De la tribu de los hijos de Aser, el príncipe Ahiud hijo de Selomi. 34:28 Y de la tribu de los hijos de Neftalí, el príncipe Pedael hijo de Amiud. 34:29 A éstos mandó Jehová que hiciesen la repartición de las heredades a los hijos de Israel en la tierra de Canaán.

Capítulo 35
Herencia de los levitas
35:1 Habló Jehová a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: 35:2 Manda a los hijos de Israel que den a los levitas, de la posesión de su heredad, ciudades en que habiten; también daréis a los levitas los ejidos de esas ciudades alrededor de ellas. 35:3 Y tendrán ellos las ciudades para habitar, y los ejidos de ellas serán para sus animales, para sus ganados y para todas sus bestias. 35:4 Y los ejidos de las ciudades que daréis a los levitas serán mil codos alrededor, desde el muro de la ciudad para afuera. 35:5 Luego mediréis fuera de la ciudad al lado del oriente dos mil codos, al lado del sur dos mil codos, al lado del occidente dos mil codos, y al lado del norte dos mil codos, y la ciudad estará en medio; esto tendrán por los ejidos de las ciudades. 35:6 Y de las ciudades que daréis a los levitas, seis ciudades serán de refugio, las cuales daréis para que el homicida se refugie allá; y además de éstas daréis cuarenta y dos ciudades. 35:7 Todas las ciudades que daréis a los levitas serán cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos. 35:8 Y en cuanto a las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del que tiene mucho tomaréis mucho, y del que tiene poco tomaréis poco; cada uno dará de sus ciudades a los levitas según la posesión que heredará.

Ciudades de refugio
(Dt. 19.1-13)
35:9 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 35:10 Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado al otro lado del Jordán a la tierra de Canaán, 35:11 os señalaréis ciudades, ciudades de refugio tendréis, donde huya el homicida que hiriere a alguno de muerte sin intención. 35:12 Y os serán aquellas ciudades para refugiarse del vengador, y no morirá el homicida hasta que entre en juicio delante de la congregación. 35:13 De las ciudades, pues, que daréis, tendréis seis ciudades de refugio. 35:14 Tres ciudades daréis a este lado del Jordán, y tres ciudades daréis en la tierra de Canaán, las cuales serán ciudades de refugio. 35:15 Estas seis ciudades serán de refugio para los hijos de Israel, y para el extranjero y el que more entre ellos, para que huya allá cualquiera que hiriere de muerte a otro sin intención. 35:16 Si con instrumento de hierro lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá. 35:17 Y si con piedra en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá. 35:18 Y si con instrumento de palo en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá. 35:19 El vengador de la sangre, él dará muerte al homicida; cuando lo encontrare, él lo matará. 35:20 Y si por odio lo empujó, o echó sobre él alguna cosa por asechanzas, y muere; 35:21 o por enemistad lo hirió con su mano, y murió, el heridor morirá; es homicida; el vengador de la sangre matará al homicida cuando lo encontrare. 35:22 Mas si casualmente lo empujó sin enemistades, o echó sobre él cualquier instrumento sin asechanzas, 35:23 o bien, sin verlo hizo caer sobre él alguna piedra que pudo matarlo, y muriere, y él no era su enemigo, ni procuraba su mal; 35:24 entonces la congregación juzgará entre el que causó la muerte y el vengador de la sangre conforme a estas leyes; 35:25 y la congregación librará al homicida de mano del vengador de la sangre, y la congregación lo hará volver a su ciudad de refugio, en la cual se había refugiado; y morará en ella hasta que muera el sumo sacerdote, el cual fue ungido con el aceite santo. 35:26 Mas si el homicida saliere fuera de los límites de su ciudad de refugio, en la cual se refugió, 35:27 y el vengador de la sangre le hallare fuera del límite de la ciudad de su refugio, y el vengador de la sangre matare al homicida, no se le culpará por ello; 35:28 pues en su ciudad de refugio deberá aquél habitar hasta que muera el sumo sacerdote; y después que haya muerto el sumo sacerdote, el homicida volverá a la tierra de su posesión.

Ley sobre los testigos y sobre el rescate
35:29 Estas cosas os serán por ordenanza de derecho por vuestras edades, en todas vuestras habitaciones. 35:30 Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera. 35:31 Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá. 35:32 Ni tampoco tomaréis precio del que huyó a su ciudad de refugio, para que vuelva a vivir en su tierra, hasta que muera el sumo sacerdote. 35:33 Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó. 35:34 No contaminéis, pues, la tierra donde habitáis, en medio de la cual yo habito; porque yo Jehová habito en medio de los hijos de Israel.

Lucas 5:12-26
Jesús sana a un leproso
(Mt. 8.1-4; Mr. 1.40-45)
5:12 Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 5:13 Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. 5:14 Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos. 5:15 Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. 5:16 Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.

Jesús sana a un paralítico
(Mt. 9.1-8; Mr. 2.1-12)
5:17 Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. 5:18 Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él. 5:19 Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. 5:20 Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. 5:21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? 5:22 Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? 5:23 ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? 5:24 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados(dijo al paralítico):A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. 5:25 Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. 5:26 Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.

Salmos 65:1-13
Capítulo 65
La generosidad de Dios en la naturaleza
Al músico principal. Salmo. Cántico de David.
65:1 Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios,
Y a ti se pagarán los votos.
65:2 Tú oyes la oración;
A ti vendrá toda carne.
65:3 Las iniquidades prevalecen contra mí;
Mas nuestras rebeliones tú las perdonarás.
65:4 Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti,
Para que habite en tus atrios;
Seremos saciados del bien de tu casa,
De tu santo templo.

65:5 Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia,
Oh Dios de nuestra salvación,
Esperanza de todos los términos de la tierra,
Y de los más remotos confines del mar.
65:6 Tú, el que afirma los montes con su poder,
Ceñido de valentía;
65:7 El que sosiega el estruendo de los mares, el estruendo de sus ondas,
Y el alboroto de las naciones.
65:8 Por tanto, los habitantes de los fines de la tierra temen de tus maravillas.
Tú haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde.

65:9 Visitas la tierra, y la riegas;
En gran manera la enriqueces;
Con el río de Dios, lleno de aguas,
Preparas el grano de ellos, cuando así la dispones.
65:10 Haces que se empapen sus surcos,
Haces descender sus canales;
La ablandas con lluvias,
Bendices sus renuevos.
65:11 Tú coronas el año con tus bienes,
Y tus nubes destilan grosura.
65:12 Destilan sobre los pastizales del desierto,
Y los collados se ciñen de alegría.
65:13 Se visten de manadas los llanos,
Y los valles se cubren de grano;
Dan voces de júbilo, y aun cantan.


Proverbios 11:23
11:23 El deseo de los justos es solamente el bien;
Mas la esperanza de los impíos es el enojo.

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