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sábado, 15 de mayo de 2010

Lectura Bíblica - Abril 01

*** Lecturas de Hoy ***
  • Deuteronomio 18:1-20:20
  • Lucas 9:28-50
  • Salmos 73:1-28
  • Proverbios 12:10

Deuteronomio 18:1-20:20
Capítulo 18
Las porciones de los levitas
18:1 Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad en Israel; de las ofrendas quemadas a Jehová y de la heredad de él comerán. 18:2 No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos; Jehová es su heredad, como él les ha dicho. 18:3 Y este será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecieren en sacrificio buey o cordero: darán al sacerdote la espaldilla, las quijadas y el cuajar. 18:4 Las primicias de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas le darás; 18:5 porque le ha escogido Jehová tu Dios de entre todas tus tribus, para que esté para administrar en el nombre de Jehová, él y sus hijos para siempre. 18:6 Y cuando saliere un levita de alguna de tus ciudades de entre todo Israel, donde hubiere vivido, y viniere con todo el deseo de su alma al lugar que Jehová escogiere, 18:7 ministrará en el nombre de Jehová su Dios como todos sus hermanos los levitas que estuvieren allí delante de Jehová. 18:8 Igual ración a la de los otros comerá, además de sus patrimonios.

Amonestación contra costumbres paganas
18:9 Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. 18:10 No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, 18:11 ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. 18:12 Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. 18:13 Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. 18:14 Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios.

Dios promete un profeta como Moisés
18:15 Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; 18:16 conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. 18:17 Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. 18:18 Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. 18:19 Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. 18:20 El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. 18:21 Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; 18:22 si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.

Capítulo 19
Las ciudades de refugio
(Nm. 35.9-28)
19:1 Cuando Jehová tu Dios destruya a las naciones cuya tierra Jehová tu Dios te da a ti, y tú las heredes, y habites en sus ciudades, y en sus casas; 19:2 te apartarás tres ciudades en medio de la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas. 19:3 Arreglarás los caminos, y dividirás en tres partes la tierra que Jehová tu Dios te dará en heredad, y será para que todo homicida huya allí. 19:4 Y este es el caso del homicida que huirá allí, y vivirá: aquel que hiriere a su prójimo sin intención y sin haber tenido enemistad con él anteriormente; 19:5 como el que fuere con su prójimo al monte a cortar leña, y al dar su mano el golpe con el hacha para cortar algún leño, saltare el hierro del cabo, y diere contra su prójimo y éste muriere; aquél huirá a una de estas ciudades, y vivirá; 19:6 no sea que el vengador de la sangre, enfurecido, persiga al homicida, y le alcance por ser largo el camino, y le hiera de muerte, no debiendo ser condenado a muerte por cuanto no tenía enemistad con su prójimo anteriormente. 19:7 Por tanto yo te mando, diciendo: Separarás tres ciudades. 19:8 Y si Jehová tu Dios ensanchare tu territorio, como lo juró a tus padres, y te diere toda la tierra que prometió dar a tus padres, 19:9 siempre y cuando guardares todos estos mandamientos que yo te prescribo hoy, para ponerlos por obra; que ames a Jehová tu Dios y andes en sus caminos todos los días; entonces añadirás tres ciudades más a estas tres, 19:10 para que no sea derramada sangre inocente en medio de la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad, y no seas culpado de derramamiento de sangre. 19:11 Pero si hubiere alguno que aborreciere a su prójimo y lo acechare, y se levantare contra él y lo hiriere de muerte, y muriere; si huyere a alguna de estas ciudades, 19:12 entonces los ancianos de su ciudad enviarán y lo sacarán de allí, y lo entregarán en mano del vengador de la sangre para que muera. 19:13 No le compadecerás; y quitarás de Israel la sangre inocente, y te irá bien. 19:14 En la heredad que poseas en la tierra que Jehová tu Dios te da, no reducirás los límites de la propiedad de tu prójimo, que fijaron los antiguos.

Leyes sobre el testimonio
19:15 No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación. 19:16 Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testificar contra él, 19:17 entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová, y delante de los sacerdotes y de los jueces que hubiere en aquellos días. 19:18 Y los jueces inquirirán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere acusado falsamente a su hermano, 19:19 entonces haréis a él como él pensó hacer a su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti. 19:20 Y los que quedaren oirán y temerán, y no volverán a hacer más una maldad semejante en medio de ti. 19:21 Y no le compadecerás; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.

Capítulo 20
Leyes sobre la guerra
20:1 Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto. 20:2 Y cuando os acerquéis para combatir, se pondrá en pie el sacerdote y hablará al pueblo, 20:3 y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; 20:4 porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros. 20:5 Y los oficiales hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la estrene. 20:6 ¿Y quién ha plantado viña, y no ha disfrutado de ella? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la disfrute. 20:7 ¿Y quién se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la tome. 20:8 Y volverán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y pusilánime? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como el corazón suyo. 20:9 Y cuando los oficiales acaben de hablar al pueblo, entonces los capitanes del ejército tomarán el mando a la cabeza del pueblo. 20:10 Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz. 20:11 Y si respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te será tributario, y te servirá. 20:12 Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás. 20:13 Luego que Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada. 20:14 Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que haya en la ciudad, todo su botín tomarás para ti; y comerás del botín de tus enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó. 20:15 Así harás a todas las ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas naciones. 20:16 Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, 20:17 sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; 20:18 para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios. 20:19 Cuando sities a alguna ciudad, peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruirás sus árboles metiendo hacha en ellos, porque de ellos podrás comer; y no los talarás, porque el árbol del campo no es hombre para venir contra ti en el sitio. 20:20 Mas el árbol que sepas que no lleva fruto, podrás destruirlo y talarlo, para construir baluarte contra la ciudad que te hace la guerra, hasta sojuzgarla.

Lucas 9:28-50
La transfiguración
(Mt. 17.1-8; Mr. 9.2-8)
9:28 Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. 9:29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. 9:30 Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; 9:31 quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén. 9:32 Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él. 9:33 Y sucedió que apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía. 9:34 Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. 9:35 Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. 9:36 Y cuando cesó la voz, Jesús fue hallado solo; y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.

Jesús sana a un muchacho endemoniado
(Mt. 17.14-21; Mr. 9.14-29)
9:37 Al día siguiente, cuando descendieron del monte, una gran multitud les salió al encuentro. 9:38 Y he aquí, un hombre de la multitud clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único que tengo; 9:39 y sucede que un espíritu le toma, y de repente da voces, y le sacude con violencia, y le hace echar espuma, y estropeándole, a duras penas se aparta de él. 9:40 Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 9:41 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros, y os he de soportar? Trae acá a tu hijo. 9:42 Y mientras se acercaba el muchacho, el demonio le derribó y le sacudió con violencia; pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo devolvió a su padre. 9:43 Y todos se admiraban de la grandeza de Dios.

Jesús anuncia otra vez su muerte
(Mt. 17.22-23; Mr. 9.30-32)
Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: 9:44 Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres. 9:45 Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras.

¿Quién es el mayor?
(Mt. 18.1-5; Mr. 9.33-37)
9:46 Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor. 9:47 Y Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a sí, 9:48 y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande.

El que no es contra nosotros, por nosotros es
(Mr. 9.38-40)
9:49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. 9:50 Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

Salmos 73:1-28
LIBRO III
El destino de los malos
Salmo de Asaf.
73:1 Ciertamente es bueno Dios para con Israel,
Para con los limpios de corazón.
73:2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;
Por poco resbalaron mis pasos.
73:3 Porque tuve envidia de los arrogantes,
Viendo la prosperidad de los impíos.

73:4 Porque no tienen congojas por su muerte,
Pues su vigor está entero.
73:5 No pasan trabajos como los otros mortales,
Ni son azotados como los demás hombres.
73:6 Por tanto, la soberbia los corona;
Se cubren de vestido de violencia.
73:7 Los ojos se les saltan de gordura;
Logran con creces los antojos del corazón.
73:8 Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia;
Hablan con altanería.
73:9 Ponen su boca contra el cielo,
Y su lengua pasea la tierra.

73:10 Por eso Dios hará volver a su pueblo aquí,
Y aguas en abundancia serán extraídas para ellos.
73:11 Y dicen: ¿Cómo sabe Dios?
¿Y hay conocimiento en el Altísimo?
73:12 He aquí estos impíos,
Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.
73:13 Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón,
Y lavado mis manos en inocencia;
73:14 Pues he sido azotado todo el día,
Y castigado todas las mañanas.

73:15 Si dijera yo: Hablaré como ellos,
He aquí, a la generación de tus hijos engañaría.
73:16 Cuando pensé para saber esto,
Fue duro trabajo para mí,
73:17 Hasta que entrando en el santuario de Dios,
Comprendí el fin de ellos.
73:18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos;
En asolamientos los harás caer.
73:19 ¡Cómo han sido asolados de repente!
Perecieron, se consumieron de terrores.
73:20 Como sueño del que despierta,
Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia.

73:21 Se llenó de amargura mi alma,
Y en mi corazón sentía punzadas.
73:22 Tan torpe era yo, que no entendía;
Era como una bestia delante de ti.
73:23 Con todo, yo siempre estuve contigo;
Me tomaste de la mano derecha.
73:24 Me has guiado según tu consejo,
Y después me recibirás en gloria.
73:25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
73:26 Mi carne y mi corazón desfallecen;
Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

73:27 Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán;
Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta.
73:28 Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien;
He puesto en Jehová el Señor mi esperanza,
Para contar todas tus obras.


Proverbios 12:10
12:10 El justo cuida de la vida de su bestia;
Mas el corazón de los impíos es cruel.

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