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domingo, 26 de septiembre de 2010

Lectura Bíblica - Noviembre 03

*** Lecturas de Hoy ***
  • Ezequiel 7:1-9:11
  • Hebreos 5:1-14
  • Salmos 104:1-35
  • Proverbios 26:28

Ezequiel 7:1-9:11
Capítulo 7
El fin viene
7:1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 7:2 Tú, hijo de hombre, así ha dicho Jehová el Señor a la tierra de Israel: El fin, el fin viene sobre los cuatro extremos de la tierra. 7:3 Ahora será el fin sobre ti, y enviaré sobre ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti todas tus abominaciones. 7:4 Y mi ojo no te perdonará, ni tendré misericordia; antes pondré sobre ti tus caminos, y en medio de ti estarán tus abominaciones; y sabréis que yo soy Jehová. 7:5 Así ha dicho Jehová el Señor: Un mal, he aquí que viene un mal. 7:6 Viene el fin, el fin viene; se ha despertado contra ti; he aquí que viene. 7:7 La mañana viene para ti, oh morador de la tierra; el tiempo viene, cercano está el día; día de tumulto, y no de alegría, sobre los montes. 7:8 Ahora pronto derramaré mi ira sobre ti, y cumpliré en ti mi furor, y te juzgaré según tus caminos; y pondré sobre ti tus abominaciones. 7:9 Y mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; según tus caminos pondré sobre ti, y en medio de ti estarán tus abominaciones; y sabréis que yo Jehová soy el que castiga. 7:10 He aquí el día, he aquí que viene; ha salido la mañana; ha florecido la vara, ha reverdecido la soberbia. 7:11 La violencia se ha levantado en vara de maldad; ninguno quedará de ellos, ni de su multitud, ni uno de los suyos, ni habrá entre ellos quien se lamente. 7:12 El tiempo ha venido, se acercó el día; el que compra, no se alegre, y el que vende, no llore, porque la ira está sobre toda la multitud. 7:13 Porque el que vende no volverá a lo vendido, aunque queden vivos; porque la visión sobre toda la multitud no se revocará, y a causa de su iniquidad ninguno podrá amparar su vida. 7:14 Tocarán trompeta, y prepararán todas las cosas, y no habrá quien vaya a la batalla; porque mi ira está sobre toda la multitud. 7:15 De fuera espada, de dentro pestilencia y hambre; el que esté en el campo morirá a espada, y al que esté en la ciudad lo consumirá el hambre y la pestilencia. 7:16 Y los que escapen de ellos huirán y estarán sobre los montes como palomas de los valles, gimiendo todos, cada uno por su iniquidad. 7:17 Toda mano se debilitará, y toda rodilla será débil como el agua. 7:18 Se ceñirán también de cilicio, y les cubrirá terror; en todo rostro habrá vergüenza, y todas sus cabezas estarán rapadas. 7:19 Arrojarán su plata en las calles, y su oro será desechado; ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día del furor de Jehová; no saciarán su alma, ni llenarán sus entrañas, porque ha sido tropiezo para su maldad. 7:20 Por cuanto convirtieron la gloria de su ornamento en soberbia, e hicieron de ello las imágenes de sus abominables ídolos, por eso se lo convertí en cosa repugnante. 7:21 En mano de extraños la entregué para ser saqueada, y será presa de los impíos de la tierra, y la profanarán. 7:22 Y apartaré de ellos mi rostro, y será violado mi lugar secreto; pues entrarán en él invasores y lo profanarán. 7:23 Haz una cadena, porque la tierra está llena de delitos de sangre, y la ciudad está llena de violencia. 7:24 Traeré, por tanto, los más perversos de las naciones, los cuales poseerán las casas de ellos; y haré cesar la soberbia de los poderosos, y sus santuarios serán profanados. 7:25 Destrucción viene; y buscarán la paz, y no la habrá. 7:26 Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y habrá rumor sobre rumor; y buscarán respuesta del profeta, mas la ley se alejará del sacerdote, y de los ancianos el consejo. 7:27 El rey se enlutará, y el príncipe se vestirá de tristeza, y las manos del pueblo de la tierra temblarán; según su camino haré con ellos, y con los juicios de ellos los juzgaré; y sabrán que yo soy Jehová.

Capítulo 8
Visión de las abominaciones en Jerusalén
8:1 En el sexto año, en el mes sexto, a los cinco días del mes, aconteció que estaba yo sentado en mi casa, y los ancianos de Judá estaban sentados delante de mí, y allí se posó sobre mí la mano de Jehová el Señor. 8:2 Y miré, y he aquí una figura que parecía de hombre; desde sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos para arriba parecía resplandor, el aspecto de bronce refulgente. 8:3 Y aquella figura extendió la mano, y me tomó por las guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén, a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el norte, donde estaba la habitación de la imagen del celo, la que provoca a celos. 8:4 Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios de Israel, como la visión que yo había visto en el campo. 8:5 Y me dijo: Hijo de hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado del norte. Y alcé mis ojos hacia el norte, y he aquí al norte, junto a la puerta del altar, aquella imagen del celo en la entrada. 8:6 Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí para alejarme de mi santuario? Pero vuélvete aún, y verás abominaciones mayores. 8:7 Y me llevó a la entrada del atrio, y miré, y he aquí en la pared un agujero. 8:8 Y me dijo: Hijo de hombre, cava ahora en la pared. Y cavé en la pared, y he aquí una puerta. 8:9 Me dijo luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que éstos hacen allí. 8:10 Entré, pues, y miré; y he aquí toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared por todo alrededor. 8:11 Y delante de ellos estaban setenta varones de los ancianos de la casa de Israel, y Jaazanías hijo de Safán en medio de ellos, cada uno con su incensario en su mano; y subía una nube espesa de incienso. 8:12 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha abandonado la tierra. 8:13 Me dijo después: Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que hacen éstos. 8:14 Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz. 8:15 Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas. 8:16 Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente. 8:17 Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado de maldad la tierra, se volvieron a mí para irritarme; he aquí que aplican el ramo a sus narices. 8:18 Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré.

Capítulo 9
Visión de la muerte de los culpables
9:1 Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir. 9:2 Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce. 9:3 Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, 9:4 y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella. 9:5 Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. 9:6 Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo. 9:7 Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y salieron, y mataron en la ciudad. 9:8 Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén? 9:9 Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre, y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho: Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve. 9:10 Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas. 9:11 Y he aquí que el varón vestido de lino, que tenía el tintero a su cintura, respondió una palabra, diciendo: He hecho conforme a todo lo que me mandaste.

Hebreos 5:1-14
Capítulo 5
5:1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; 5:2 para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; 5:3 y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo. 5:4 Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. 5:5 Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy. 5:6 Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec. 5:7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 5:8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 5:9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 5:10 y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

Advertencia contra la apostasía
5:11 Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 5:12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 5:13 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 5:14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

Salmos 104:1-35
Dios cuida de su creación
104:1 Bendice, alma mía, a Jehová.
Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido;
Te has vestido de gloria y de magnificencia.
104:2 El que se cubre de luz como de vestidura,
Que extiende los cielos como una cortina,
104:3 Que establece sus aposentos entre las aguas,
El que pone las nubes por su carroza,
El que anda sobre las alas del viento;
104:4 El que hace a los vientos sus mensajeros,
Y a las flamas de fuego sus ministros.

104:5 El fundó la tierra sobre sus cimientos;
No será jamás removida.
104:6 Con el abismo, como con vestido, la cubriste;
Sobre los montes estaban las aguas.
104:7 A tu reprensión huyeron;
Al sonido de tu trueno se apresuraron;
104:8 Subieron los montes, descendieron los valles,
Al lugar que tú les fundaste.
104:9 Les pusiste término, el cual no traspasarán,
Ni volverán a cubrir la tierra.
104:10 Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos;
Van entre los montes;
104:11 Dan de beber a todas las bestias del campo;
Mitigan su sed los asnos monteses.
104:12 A sus orillas habitan las aves de los cielos;
Cantan entre las ramas.
104:13 El riega los montes desde sus aposentos;
Del fruto de sus obras se sacia la tierra.

104:14 El hace producir el heno para las bestias,
Y la hierba para el servicio del hombre,
Sacando el pan de la tierra,
104:15 Y el vino que alegra el corazón del hombre,
El aceite que hace brillar el rostro,
Y el pan que sustenta la vida del hombre.
104:16 Se llenan de savia los árboles de Jehová,
Los cedros del Líbano que él plantó.
104:17 Allí anidan las aves;
En las hayas hace su casa la cigüeña.
104:18 Los montes altos para las cabras monteses;
Las peñas, madrigueras para los conejos.
104:19 Hizo la luna para los tiempos;
El sol conoce su ocaso.
104:20 Pones las tinieblas, y es la noche;
En ella corretean todas las bestias de la selva.
104:21 Los leoncillos rugen tras la presa,
Y para buscar de Dios su comida.
104:22 Sale el sol, se recogen,
Y se echan en sus cuevas.
104:23 Sale el hombre a su labor,
Y a su labranza hasta la tarde.

104:24 ¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová!
Hiciste todas ellas con sabiduría;
La tierra está llena de tus beneficios.
104:25 He allí el grande y anchuroso mar,
En donde se mueven seres innumerables,
Seres pequeños y grandes.
104:26 Allí andan las naves;
Allí este leviatán que hiciste para que jugase en él.

104:27 Todos ellos esperan en ti,
Para que les des su comida a su tiempo.
104:28 Les das, recogen;
Abres tu mano, se sacian de bien.
104:29 Escondes tu rostro, se turban;
Les quitas el hálito, dejan de ser,
Y vuelven al polvo.
104:30 Envías tu Espíritu, son creados,
Y renuevas la faz de la tierra.

104:31 Sea la gloria de Jehová para siempre;
Alégrese Jehová en sus obras.
104:32 El mira a la tierra, y ella tiembla;
Toca los montes, y humean.
104:33 A Jehová cantaré en mi vida;
A mi Dios cantaré salmos mientras viva.
104:34 Dulce será mi meditación en él;
Yo me regocijaré en Jehová.
104:35 Sean consumidos de la tierra los pecadores,
Y los impíos dejen de ser.
Bendice, alma mía, a Jehová.
Aleluya.


Proverbios 26:28
26:28 La lengua falsa atormenta al que ha lastimado,
Y la boca lisonjera hace resbalar.

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