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jueves, 19 de abril de 2012

Confianza en medio de la angustia – Parte 2

En el primer mensaje de esta serie, comprendimos por qué nuestro Señor Jesús tuvo tan gran angustia antes de ser entregado.  ¿Qué estaba en juego en Getsemaní?  O moría el Señor allí mismo, dejando de salvar a la humanidad, o moría en el Calvario como estaba previsto, salvando así a todos nosotros pecadores y asumiendo en Sí mismo la maldición del pecado.

Sabiendo esto, seguiremos el ejemplo de nuestro Señor para poder vencer nuestras angustias.

Sabiendo esto, debemos seguir el ejemplo de nuestro Señor Jesús, para poder vencer nuestras angustias en las diferentes situaciones adversas de nuestra vida.  Al igual que Jesús, debemos poner nuestra confianza en Dios Todopoderoso.  Si hoy nos vemos afectados por estar sucumbidos en el alcoholismo o en la drogadicción, o estamos pasando por un proceso de separación o divorcio, o bien estamos sin trabajo, o nuestras finanzas están caídas, o nuestros padres no nos escuchan; entonces, buscamos a nuestro Padre en los cielos y confiando en Él depositamos nuestras angustias en sus manos: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar."  (Mateo 11:28 – RVA)

En Getsemaní cuando Jesús estaba en Su angustia desbordante, depositó Su confianza en el Dios Todopoderoso, a quien invocó en oración.  En ese lugar Cristo nos dejó un gran ejemplo de cómo confiar en Dios cuando atravesamos angustias.  En Hebreos 5:7 – RVA leemos este texto maravilloso: "Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente."

En nuestra angustia, debemos reflexionar en estas palabras consoladoras que encontramos en Hebreos 2:18 – DHH: "Y como él mismo sufrió y fue puesto a prueba, ahora puede ayudar a los que también son puestos a prueba."  Es decir, nuestro Señor Jesús habiendo sufrido y triunfado en Getsemaní, puede ayudarnos también a vencer nuestros propios miedos y angustias.  El Señor quiere enseñarnos a orar con perseverancia en esos momentos difíciles.  Él mismo no vio otra manera de salir de su angustia, que por medio de peticiones y súplicas.  Con mucha más razón deberíamos nosotros hacer lo mismo, para así vencer la angustia y dejar atrás los malos momentos que a diario nos tocan vivir.  Santiago destaca este aspecto: "¿Está alguno entre vosotros afligido?  Haga oración.  ¿Está alguno alegre?  Cante alabanzas."  (Santiago 5:13 – RVA)  ¿No sería interesante que comenzáramos a observar esta verdad de una manera nueva en nuestras vidas, confiando de manera incondicional en Dios, bajo cualquier circunstancia?

¡Confiar significa orar, y orar significa confiar!

David creía en esta realidad, así lo demuestran los muchos ejemplos que vemos en su vida.

"Dios y defensor mío, ¡contéstame cuando te llame!  Tú, que en mi angustia me diste alivio, ¡ten compasión de mí y escucha mi oración!"
Salmos 4:1 – DHH

"En mi angustia invoqué al Señor; clamé a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mi clamor llegó a sus oídos!"
Salmos 18:6 – NVI

"Por eso, en momentos de angustia los fieles te invocarán, y aunque las aguas caudalosas se desborden, no llegarán hasta ellos."
Salmos 32:6 – DHH

"Desde los confines de la tierra te invoco, pues mi corazón desfallece; llévame a una roca donde esté yo a salvo."
Salmos 61:2 – NVI

"No escondas de tu siervo tu rostro, porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme."
Salmos 69:17 – RVA

"En mi angustia llamé al Señor; él me escuchó y me dio libertad."
Salmos 118:5 – DHH

David creía y sabía que para librarse de la angustia sólo existe una vía de escape: "Invocar al Señor con total confianza."

¿Qué significa invocar al Señor cuando estamos en angustia, por medio de la oración?

Una de las llaves para ser libres de la angustia es pedir socorro a Dios.  No es cuestión de hacer una sencilla oración, debemos clamar y suplicar si es necesario, como lo hacía David.  Para comprender mejor este concepto, nos detendremos y observaremos con más detalles las oraciones del Señor Jesús al Padre cuando se encontraba angustiado.  En ellas se muestra Su confianza en el Dios Todopoderoso.

Retomando Hebreos 5:7 – RVA: "Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.", y valorando la afirmación de la última oración de este texto de manera literal, concluimos que el Señor, verdaderamente, gritó, clamó y llegó al llanto de tal forma que se le podía escuchar.  Lo que allí padeció nuestro Señor no podemos explicarlo ni tampoco entenderlo, pero ciertamente fue una situación extrema.  En Lucas 22:44 – RVA está escrito: "Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra."

¿Qué gran misterio hay escondido en las oraciones de nuestro Señor en Getsemaní?

Veamos 3 detalles de estas oraciones:

Þ Con excepción de Hebreos 5:7, no se dice en ninguno de los Evangelios que el Señor comenzara a clamar o a gritar en la oración; solamente Lucas hace alusión a esto utilizando la expresión: "oraba más intensamente."

Þ En Mateo 26:39, 42 y 44 – RVA, se nos relata la situación de la siguiente manera: "Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú…  Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad…  Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras."

Þ En Marcos 14:35-36, 39 y 41 – RVA dice así: "Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.  Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú…  Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras…  Vino la tercera vez…"

En estas oraciones de nuestro Señor, resaltan dos puntos importantes:

● Jesús pronunció esta oración en tres ocasiones, no solamente en una.

Queda claro para nosotros que el Señor oró tres veces.  Por lo tanto, cuando Hebreos 5:7 dice que el Señor "… en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas…" no se trata de la forma de la oración, sino más bien que ¡Jesús hizo esta oración tres veces!, es decir, tuvo perseverancia en la oración.

Él se encontraba en la mayor angustia de Su vida, y la misma le llevó a orar.  Su oración no se limitó a una corta y aislada súplica al Padre.  No, el Señor oró tres veces, de manera consciente y lúcida, usando siempre las mismas palabras.  ¡Cuán bueno sería si aplicáramos esto a nuestra vida personal de oración!

Son muchas las oportunidades en que nos enfrentamos a todo tipo de angustias y tensiones, en nuestro matrimonio, con nuestros hijos, en el trabajo…  Cuando esto sucede, enviamos un fervoroso pedido de ayuda al cielo.  Sin embargo, apenas logramos reponernos un poco, continuamos con nuestra rutina diaria.  No debería sorprendernos, entonces, que al poco tiempo seamos atacados, otra vez por el mismo mal.  La oración pronunciada por el Señor, de manera consciente y en tres oportunidades, nos muestra muy claramente que nosotros, si realmente queremos tener victoria sobre la angustia y cualquier situación adversa, incluyendo sentimientos afines que se repiten, no debemos orar solamente de vez en cuando.

Se hace necesario que lleguemos a tener una vida de oración perseverante y regular.  Solamente de esta manera seremos hijos de Dios capaces de lidiar de manera correcta con nuestras angustias, solamente así venceremos nuestras tribulaciones.

En las Escrituras leemos tres claros testimonios que nos exhortan a orar de esta manera:

"Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración."
Romanos 12:12 – RVA

"Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias."
Colosenses 4:2 – RVA

"No dejen ustedes de orar: rueguen y pidan a Dios siempre, guiados por el Espíritu. Manténganse alerta, sin desanimarse, y oren por todo el pueblo santo."
Efesios 6:18 – DHH

Cuando la Biblia nos dice que la oración del Señor fue oída y que, en consecuencia, Él recibió pronto socorro y liberación de la angustia, podemos estar seguros que esto sólo aconteció después de Su perseverante oración.

● En cada una de las ocasiones en que oró, el Señor Jesús no se olvidó de someterse a la perfecta voluntad del Padre.

Este es un punto de vital importancia, y en él podemos ver que nuestro Señor vivía en una permanente entrega a la voluntad de Su Padre.  Tal vez no alcanzamos a comprender la importancia de esta entrega, pero en Su angustia, se presentó tres veces ante el Padre con el fin de orar las mismas palabras, pero de igual forma se sometió sucesivamente a la voluntad de Dios.  ¡Esto es total confianza en Dios Todopoderoso!

Muchas veces vamos delante de Dios, clamando y llevando a Él nuestra angustia, y en última instancia, siempre esperamos que Él haga aquello que nosotros queremos.

Dios quiere que nosotros nos convirtamos en personas que sepan lidiar con sus propias angustias y que puedan vencerlas.  Es por esto que Él nos llama a que comencemos a llevar una vida de oración regular y perseverante, eso sí, sin nunca olvidar someternos en forma total a Su voluntad.  Esta entrega de nuestra parte, sea cual sea la situación que estemos atravesando, debemos dejarla siempre de manifiesto en cada una de nuestras oraciones.

Si seguimos por esta senda, nos convertiremos en creyentes que -a pesar de seguir sintiendo angustias y penas por estar inmerso en este mundo- seremos capaces de permanecer tranquilos ante toda circunstancia adversa.  Nos sentiremos seguros en las manos del Señor, pase lo que pase, recordando que ¡lo que hace el Señor, siempre es bueno!

En Juan 16:33b – RVA dice: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.  En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo."  Yo creo en estas palabras de Cristo.  ¿Las cree usted?  Si es así, ¡viva de acuerdo a esa fe, confiando en Dios Todopoderoso e invocándole en oración!, aun cuando el miedo quiera apoderarse de sus emociones.

ORACIÓN
En el nombre de Tu Hijo Jesús, vengo delante de Ti Padre, agradecido porque nuevas son tus maravillas cada mañana, y agradecido por Tu Palabra, viva y eficaz.

Padre, te pido perdón porque hasta hoy, en muchas ocasiones y ante las diferentes situaciones adversas que han llegado a mi vida, no he confiado en Tu voluntad.  Es cierto que he clamado ante tu presencia, pero he venido pensando en la solución; de hecho, muchas veces he venido poniendo mí solución sobre la tuya, sin tan siquiera intentar oírte.

Señor, ahora decido, que ante cualquier circunstancia, aun cuando el miedo se apodere de mis emociones, voy a confiar en Tu voluntad, buena agradable y perfecta.  Tu Palabra dice, que Tus pensamientos sobre mí, son pensamientos de paz y de bien, y no de mal, por lo que estoy seguro que todas las cosas que Tú haces, siempre son buenas, AMÉN.

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